▷ Celulares en las escuelas: ¿qué ha funcionado en otros países? 🥇

La experiencia internacional y los datos de PISA 2025 demuestran que prohibir el teléfono personal no significa retirar la tecnología educativa, sino establecer límites claros para proteger la atención y el aprendizaje en el aula.

Durante años, la discusión parecía sencilla: ¿celulares sí o celulares no dentro de las escuelas?

Pero la experiencia internacional está demostrando que la pregunta correcta es mucho más incómoda: ¿qué tipo de regulación funciona, en qué contexto y bajo qué condiciones? Para entender el debate mexicano, también conviene revisar qué implica realmente prohibir o regular el celular dentro de las escuelas de México.

Porque mientras algunos sistemas educativos están endureciendo las restricciones al teléfono móvil, otros continúan incorporando computadoras, plataformas digitales, inteligencia artificial y recursos tecnológicos en las aulas.

Y aquí aparece una paradoja que México tendrá que resolver: se puede retirar el celular de la escuela sin retirar la tecnología de la educación.

De hecho, algunos de los sistemas educativos con mejores resultados en PISA 2025 están mostrando precisamente eso: la tecnología puede formar parte de la escuela, pero su uso necesita límites, propósito pedagógico y condiciones que protejan la atención de los estudiantes.

💡 La discusión no debería ser tecnología contra escuela.
La verdadera discusión es cómo conseguir que la tecnología esté al servicio del aprendizaje y no que el aprendizaje termine subordinado a la tecnología.


🌎 El mundo no está eligiendo una sola respuesta

La tendencia internacional es clara: cada vez más sistemas educativos están poniendo límites al uso de teléfonos celulares.

La UNESCO reportó en marzo de 2026 que 114 sistemas educativos ya contaban con una prohibición nacional del uso de teléfonos celulares en las escuelas, equivalente al 58 % de los países. La proporción había aumentado desde el 40 % registrado a comienzos de 2025.

Las razones son conocidas: distracción, pérdida de atención, ciberacoso y efectos relacionados con el uso inadecuado de los entornos digitales.

Pero hay una diferencia fundamental que a veces se pierde en la conversación pública:

prohibir el teléfono personal no es lo mismo que prohibir la tecnología educativa.

Un estudiante puede guardar su celular durante toda la jornada y, al mismo tiempo, trabajar con una computadora escolar, una tableta, una plataforma educativa, un laboratorio virtual o una herramienta de inteligencia artificial bajo orientación docente.

Ahí está una de las claves que México tendrá que observar con atención.


📊 ¿Y qué hacen los países que están arriba en PISA 2025?

Aquí tenemos que actualizar la conversación.

PISA 2025 ya está disponible y ofrece una fotografía mucho más reciente sobre lo que ocurre con los estudiantes de 15 años en distintos sistemas educativos.

La edición 2025 evaluó a más de 760 mil estudiantes de 91 países y economías, con las ciencias como área principal y con evaluaciones también en matemáticas y lectura.

Los resultados muestran que la mayoría de los sistemas educativos participantes enfrentan retrocesos o estancamientos importantes, especialmente en lectura. Sin embargo, algunos sistemas mantienen desempeños elevados en las tres áreas.

Entre los sistemas que estuvieron dentro de los diez primeros lugares en ciencias, matemáticas y lectura aparecen Singapur, Estonia, Japón, Corea, Macao, Taipéi Chino, Reino Unido y varias jurisdicciones de China.

Pero sería un error concluir que esos resultados son consecuencia de una determinada política sobre celulares.

PISA no demuestra que prohibir un teléfono produzca automáticamente mejores resultados académicos.

Lo que sí podemos hacer es observar cómo los sistemas educativos con alto desempeño están organizando la relación entre tecnología, escuela, docentes, estudiantes y aprendizaje. Una discusión que también obliga a preguntarnos si México está cambiando más rápido que su propia escuela frente a las transformaciones tecnológicas.


📱 La gran lección de PISA 2025: no toda tecnología ayuda a aprender

PISA 2025 aporta un dato especialmente importante para esta discusión.

La OCDE encontró que un uso moderado de dispositivos digitales para aprender se relaciona con mejores resultados, mientras que el uso excesivo y la distracción digital se relacionan con peores desempeños.

Además, 28 % de los estudiantes de los países de la OCDE señalaron que sus compañeros se distraían con dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de ciencias.

Y hay un dato que resulta particularmente relevante para nuestra discusión: los sistemas donde existen políticas claras sobre el uso de teléfonos —ya sea mediante prohibiciones o mediante reglas bien definidas— registran menores niveles de distracción digital.

📌 El problema no parece ser simplemente tener tecnología.
El problema aparece cuando el dispositivo deja de ser una herramienta para aprender y se convierte en una fuente permanente de distracción.

Esto cambia la pregunta.

Ya no se trata solamente de decidir si el celular entra o no entra al salón.

También necesitamos entender por qué resulta tan difícil recuperar la atención una vez que las plataformas digitales han aprendido a competir por ella. En este punto, resulta especialmente relevante nuestro análisis sobre cómo el scrolling infinito compite por la atención.

Se trata de decidir qué usos tecnológicos favorecen el aprendizaje y cuáles interfieren con él.


🇸🇬 Singapur: mucha tecnología, pero con propósito

Singapur vuelve a aparecer en PISA 2025 como uno de los sistemas de mayor desempeño internacional.

Pero hay algo especialmente interesante: su alto nivel de digitalización no significa que los estudiantes deban utilizar libremente cualquier dispositivo durante cualquier momento de la jornada escolar.

Los datos de PISA 2025 muestran que Singapur tiene una elevada capacidad institucional para aprovechar dispositivos digitales en la enseñanza y también presenta reglas específicas para su utilización.

Esto permite diferenciar dos cosas que en México con frecuencia terminan mezclándose:

  • El teléfono personal que el alumno utiliza para comunicarse, entretenerse o entrar a redes sociales;
  • El dispositivo y la plataforma educativa que el docente incorpora deliberadamente a una actividad de aprendizaje.

La diferencia parece pequeña, pero pedagógicamente es enorme.

Una escuela digitalizada no necesita convertirse en una escuela dominada por los teléfonos.


🇯🇵 Japón: tecnología educativa con límites claros

Japón también aparece entre los sistemas de alto desempeño de PISA 2025.

Su experiencia resulta particularmente interesante porque combina una fuerte infraestructura tecnológica educativa con restricciones al uso de teléfonos personales durante las clases.

PISA 2025 encontró que en Japón menos del 10 % de los estudiantes reportó que sus compañeros se distraían con dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de ciencias.

Eso no demuestra que una política específica sea la causa de ese resultado. Pero sí muestra que una escuela altamente tecnológica puede convivir con límites fuertes al uso distractor de los dispositivos personales.

La lección vuelve a ser la misma: tecnología educativa y teléfono personal no son sinónimos.


🇰🇷 Corea del Sur: tecnología avanzada y regulación del teléfono

Corea del Sur ofrece una experiencia semejante.

Es uno de los sistemas con mayor desarrollo tecnológico y aparece nuevamente entre los de alto desempeño en PISA 2025.

Al mismo tiempo, existen reglas nacionales que restringen el uso de teléfonos inteligentes durante las clases, con excepciones relacionadas con necesidades educativas especiales, propósitos pedagógicos o situaciones de emergencia.

PISA 2025 también encontró que en Corea menos del 10 % de los estudiantes reportó distracción de sus compañeros por dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de ciencias.

De nuevo, no podemos convertir esa correlación en una relación causal automática.

Pero sí podemos observar una característica común: la tecnología está integrada al sistema educativo, mientras que el uso personal y distractor del teléfono tiene límites.


🇪🇪 Estonia: digitalización no significa improvisación

Estonia es otro caso que merece atención.

El país mantiene un desempeño elevado en PISA 2025 y ha desarrollado durante años una estrategia de digitalización educativa.

Pero una transformación digital no consiste simplemente en entregar dispositivos.

Requiere infraestructura, competencias docentes, recursos educativos, conectividad, sistemas de información y una cultura institucional capaz de utilizar la tecnología con objetivos concretos.

Por eso, cuando México discute los celulares, debería evitar una falsa disyuntiva:

CELULAR VS. TECNOLOGÍA

La verdadera discusión es:

USO DISTRACTOR VS. USO EDUCATIVO


🇫🇮 Finlandia: restringir no significa abandonar lo digital

Finlandia ofrece otra experiencia importante.

Desde agosto de 2025, su legislación estableció reglas nacionales para restringir el uso de teléfonos y otros dispositivos móviles durante las clases de educación básica, con excepciones para fines educativos, necesidades de apoyo al aprendizaje o razones de salud.

La medida no significó abandonar la tecnología educativa.

Los dispositivos digitales y los servicios digitales continúan formando parte del entorno de aprendizaje.

Aquí aparece nuevamente una idea que México debería considerar:

Una escuela puede ser tecnológicamente avanzada y, al mismo tiempo, limitar el teléfono personal del estudiante.


🇬🇧 Inglaterra: una estrategia más restrictiva

Inglaterra representa una ruta todavía más restrictiva.

Su política busca que las escuelas sean espacios libres de teléfonos móviles por defecto, incluyendo no solamente las clases, sino también otros momentos de la jornada escolar, con excepciones definidas por cada centro.

La lógica es reducir distracciones y favorecer un entorno más concentrado para aprender.

Pero una política de este tipo también obliga a resolver cuestiones prácticas:

  • ¿Dónde se guarda el teléfono?
  • ¿Qué ocurre si un estudiante necesita comunicarse por una emergencia?
  • ¿Cómo se establecen las excepciones?
  • ¿Cómo se comunica la escuela con las familias?
  • ¿Quién aplica la regla y bajo qué criterios?

Es decir, una prohibición también necesita una arquitectura de implementación.


🇸🇻 El Salvador: otra ruta, poner la tecnología al servicio del aprendizaje

Ahora bien, no todos los países están respondiendo al problema retirando dispositivos.

El Salvador ofrece un ejemplo diferente con su estrategia de incorporación de tecnología educativa.

El país ha desarrollado programas para proporcionar dispositivos digitales a estudiantes del sistema público y ampliar el acceso a plataformas y recursos educativos.

Y PISA 2025 permite mirar este proceso con información mucho más reciente.

El Salvador registró mejoras en ciencias respecto de la medición anterior y, al mismo tiempo, sus estudiantes reportaron un uso importante de dispositivos digitales tanto para actividades de aprendizaje como para actividades de ocio dentro de la escuela.

El dato más interesante es este: en las escuelas salvadoreñas donde el uso de celulares no está permitido, los estudiantes fueron alrededor de 31 % menos propensos a reportar distracción digital que aquellos en escuelas sin esa restricción.

Además, los estudiantes salvadoreños que reportaron distracción digital de sus compañeros durante las clases de ciencias obtuvieron, en promedio, 21 puntos menos en ciencias que quienes no reportaron esa distracción, una diferencia mayor a la observada en promedio en la OCDE.

Esto no significa que la prohibición explique por sí sola los resultados de El Salvador.

Pero sí proporciona una evidencia interesante para la discusión: es posible aumentar el acceso a tecnología educativa y, al mismo tiempo, poner límites al teléfono cuando genera distracción.


🧠 Entonces, ¿qué ha funcionado?

Aquí conviene detenernos.

La evidencia internacional no permite afirmar que exista una fórmula universal que explique el éxito educativo a partir de prohibir o permitir celulares.

Pero PISA 2025 y las experiencias internacionales permiten identificar algunos patrones importantes.

1. Separar tecnología personal de tecnología educativa

Los sistemas que han avanzado en regulación no necesariamente están expulsando la tecnología de la escuela.

Están estableciendo una diferencia entre el dispositivo personal y el recurso educativo.

2. Definir cuándo sí y cuándo no

Una regla eficaz necesita responder preguntas concretas:

  • ¿Se puede utilizar durante una actividad?
  • ¿Quién autoriza el uso?
  • ¿Dónde se guarda el dispositivo?
  • ¿Qué pasa durante el recreo?
  • ¿Qué ocurre ante una emergencia?
  • ¿Qué excepciones existen por discapacidad, salud o necesidades educativas?
  • ¿Cómo se comunica la escuela con las familias?
  • ¿Qué consecuencias existen cuando la regla no se respeta?

Una regla que solamente dice “queda prohibido” deja demasiadas preguntas sin responder.

3. La tecnología necesita una intención pedagógica

Un dispositivo no transforma una clase por el simple hecho de estar presente.

La tecnología tiene valor educativo cuando ayuda a investigar, crear, comunicar, resolver problemas, representar información, colaborar o recibir retroalimentación.

De lo contrario, puede convertirse simplemente en otra fuente de distracción.

4. La responsabilidad no puede recaer únicamente en el docente

Si una escuela restringe el celular, pero las familias continúan enviando mensajes durante la jornada; si los estudiantes reciben el dispositivo sin acompañamiento; o si cada docente aplica una regla diferente, la política pierde consistencia.

La regulación tecnológica es una responsabilidad compartida entre escuela, familias, estudiantes, autoridades y sociedad.

5. Prohibir no sustituye la educación digital

Un estudiante puede pasar seis horas sin teléfono y seguir sin saber proteger sus datos, distinguir información falsa, utilizar inteligencia artificial críticamente o controlar su propio tiempo de pantalla.

Por eso, una política de restricción necesita estar acompañada de educación digital y ciudadanía digital.


🇲🇽 ¿Y qué pasa cuando llegamos a México?

Aquí comienza la parte realmente complicada.

México ya tomó una decisión nacional.

El Acuerdo número 09/09/26 publicado en el Diario Oficial de la Federación establece disposiciones para garantizar el uso responsable y seguro de dispositivos digitales personales y tecnologías de aprendizaje en las escuelas. Si quieres revisar exactamente qué establece la norma, puedes consultar aquí el documento oficial.

La SEP informó que, a partir del 3 de noviembre de 2026, en Educación Básica no deberá utilizarse el celular durante la jornada escolar. En Educación Media Superior se plantea un uso responsable y seguro con limitaciones determinadas por cada institución, mientras que en Educación Superior se fomenta el uso responsable y seguro.

Por tanto, el debate ya no es solamente si México debe regular los celulares.

La pregunta ahora es cómo hacerlo funcionar en las escuelas reales.


⚠️ El problema que no aparece en el reglamento

Aquí aparece una dimensión que merece mucha más atención: la cultura de convivencia.

No sería correcto afirmar que todos los mexicanos tienen una determinada cultura tecnológica o que otros países son homogéneamente más solidarios, disciplinados o igualitarios.

Pero sí podemos plantear una pregunta relevante para México:

¿qué sucede cuando una política educativa depende de que millones de personas respeten colectivamente una regla?

La respuesta no depende solamente del texto del acuerdo.

Depende de la confianza, de la comunicación entre familias y escuela, de la capacidad de los docentes para aplicar criterios comunes y de la disposición de los estudiantes para entender que una restricción temporal no significa que la tecnología sea mala.

Y aquí hay una reflexión que vale la pena hacer.

Una sociedad puede mostrar enormes capacidades de solidaridad ante una emergencia y, al mismo tiempo, enfrentar dificultades para construir acuerdos cotidianos cuando el beneficio colectivo no es inmediatamente visible.

No es un problema exclusivamente mexicano. Es un desafío de convivencia que puede aparecer en cualquier sociedad.


📱 El celular no es el único problema

Hay otra discusión que no podemos evadir.

Si retiramos el teléfono durante seis horas, pero el estudiante regresa a casa y pasa otras muchas horas frente a las pantallas sin acompañamiento, el problema educativo no desapareció: solamente cambió de lugar.

Por eso, la regulación escolar necesita acompañarse de educación digital.

Los estudiantes necesitan aprender a:

  • regular su propio tiempo de pantalla;
  • distinguir información de desinformación;
  • proteger sus datos personales;
  • comprender los riesgos de las redes sociales;
  • utilizar inteligencia artificial de manera crítica;
  • respetar a otras personas en entornos digitales;
  • crear contenidos en lugar de limitarse a consumirlos;
  • resolver problemas utilizando herramientas digitales;
  • y reconocer cuándo una tecnología está ayudando y cuándo está interfiriendo.

Eso es mucho más difícil que confiscar un teléfono.

Pero también es mucho más educativo.


💼 ¿Y qué tiene que ver la desigualdad económica?

También sería un error analizar el uso tecnológico de niños y jóvenes sin considerar las condiciones sociales en las que viven.

Cuando una familia enfrenta largas jornadas laborales, ingresos insuficientes o poco tiempo disponible para acompañar las actividades escolares, el teléfono puede convertirse simultáneamente en herramienta de comunicación, entretenimiento, apoyo escolar y espacio de socialización.

Por eso, pedir a las familias que simplemente “controlen el celular” puede ser insuficiente.

La política educativa necesita ofrecer alternativas.

Si queremos menos dependencia del teléfono, necesitamos más espacios de convivencia, deporte, lectura, cultura, juego, acompañamiento familiar y oportunidades educativas fuera de la pantalla.


🎯 La lección internacional para México

Quizá la principal enseñanza de otros países no sea copiar una prohibición.

Tampoco copiar un modelo de digitalización.

La enseñanza consiste en construir una arquitectura coherente de uso tecnológico.

Eso implica al menos ocho decisiones:

  1. Definir cuándo el celular no debe utilizarse.
  2. Definir cuándo una tecnología sí puede apoyar el aprendizaje.
  3. Utilizar dispositivos institucionales cuando sea posible.
  4. Formar a docentes en pedagogía digital, no solamente en herramientas.
  5. Involucrar a las familias.
  6. Establecer excepciones claras por salud, discapacidad, accesibilidad y emergencias.
  7. Evaluar periódicamente si las reglas están funcionando.
  8. Enseñar ciudadanía digital, autorregulación y pensamiento crítico.


🤖 PISA 2025 también cambia la discusión sobre la inteligencia artificial

Y aquí aparece un desafío que hace apenas unos años ni siquiera estaba en el centro de la conversación escolar.

La inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana de los estudiantes.

PISA 2025 encontró que el uso de herramientas de inteligencia artificial y su relación con el aprendizaje es complejo. No basta con preguntar si un estudiante utiliza IA o no.

Importa para qué la utiliza, cuánto la utiliza y si recibe orientación para evaluar la información que genera.

Esto nos lleva a una conclusión que puede resultar incómoda:

Si mañana prohibimos el celular, pero no enseñamos a los estudiantes a relacionarse críticamente con la inteligencia artificial, solamente habremos resuelto una pequeña parte del problema.

🧠 La escuela del futuro no será la que elimine toda tecnología.
Será la que consiga que sus estudiantes sepan cuándo utilizarla, cómo utilizarla y cuándo deben apartarla para pensar por sí mismos.


🧩 El verdadero reto: pasar de controlar el dispositivo a formar al usuario

Aquí está, quizá, el punto más importante.

Una generación que solamente aprende a obedecer una prohibición necesitará siempre una autoridad que vigile.

Una generación que aprende a autorregularse puede utilizar la tecnología incluso cuando nadie está mirando.

Y esa diferencia es enorme.

La escuela no puede competir permanentemente contra plataformas diseñadas para capturar la atención de sus usuarios.

Tiene que enseñar a los estudiantes a recuperar el control sobre esa atención.

📌 Una pregunta para las escuelas mexicanas:
¿Queremos estudiantes que solamente sepan obedecer una regla sobre el celular o estudiantes capaces de comprender cuándo, por qué y para qué deben utilizar una tecnología?


🇲🇽 México no tiene que escoger entre prohibir o digitalizar

La experiencia internacional muestra algo mucho más interesante.

Un país puede limitar el teléfono personal y, al mismo tiempo, invertir en tecnología educativa.

Puede utilizar computadoras en el aula y restringir redes sociales.

Puede promover inteligencia artificial y exigir pensamiento crítico.

Puede permitir dispositivos para aprender y prohibirlos cuando interfieren con el aprendizaje.

La frontera no debería ser entre “tecnología” y “escuela”.

La frontera debería estar entre una tecnología que amplía las posibilidades de aprender y una tecnología que termina apropiándose de la atención del estudiante.


🗣️ La pregunta que queda para México

México ya está entrando en una nueva etapa.

La regulación de celulares será una realidad en Educación Básica a partir del 3 de noviembre de 2026 y las comunidades escolares tendrán que convertir una disposición nacional en prácticas cotidianas.

El verdadero éxito de esta política no se medirá solamente por cuántos teléfonos permanecen guardados durante la jornada escolar.

También habrá que observar si aumenta la convivencia, si mejora la atención, si disminuyen los conflictos relacionados con redes sociales, si los docentes recuperan tiempo pedagógico y, sobre todo, si los estudiantes desarrollan una relación más consciente con la tecnología.

PISA 2025 nos recuerda algo todavía más importante: los estudiantes necesitan aprender profundamente y, al mismo tiempo, aprender a desenvolverse en un mundo digital.

Por eso, México no tiene que elegir entre una escuela sin tecnología y una escuela dominada por ella.

Tiene que construir una escuela capaz de utilizar la tecnología cuando aporta valor y de apartarla cuando interfiere con el aprendizaje.

Porque al final del día, el objetivo no debería ser educar niños sin celulares.

Deberíamos aspirar a educar niños que sepan vivir, aprender y convivir en un mundo donde los celulares existen.

Y esa tarea es bastante más difícil que prohibir un dispositivo.


🎥 ¿Prefieres verlo en video?

En este análisis desglosamos las lecciones de la experiencia internacional y los datos de PISA 2025, reflexionando más allá de la prohibición sobre cómo equilibrar la tecnología educativa, la autorregulación y los retos reales que enfrentará México ante las nuevas medidas escolares.

🎯 Celulares en las escuelas: ¿Qué está funcionando en el mundo y qué le espera a México?


💬 ¿Qué opinas?
¿La regulación de celulares en México debería quedarse en limitar su uso durante la jornada escolar o tendría que avanzar también hacia una verdadera educación para la autorregulación, la ciudadanía digital y el uso inteligente de la tecnología?

📚 Para profundizar:
La discusión sobre celulares forma parte de un problema educativo mucho más amplio: cómo construir una escuela capaz de aprovechar la tecnología sin permitir que la tecnología determine la forma de aprender, convivir y relacionarnos.

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