Volver a clases en enero no se parece en nada a “empezar un nuevo ciclo”.
Y, sin embargo, a gran parte de los docentes se les exige exactamente eso: como si diciembre hubiera borrado todo, como si el grupo regresara en blanco, como si la planeación pudiera resetearse con un clic.
La realidad es otra.
El docente que vuelve en enero no vuelve fresco, vuelve cansado.
El grupo que regresa no vuelve igual, vuelve cambiado.
Y la escuela, seamos honestos, no ofrece mejores condiciones que las de hace seis meses.
Por eso este artículo no pretende enseñarte a “reinventarte”, sino algo mucho más urgente y realista:
👉 Cómo planear el regreso a clases sin rehacer todo desde cero, sin colapsar y sin culpa.
Porque planear no es empezar de nuevo, es decidir qué vale la pena sostener, qué conviene ajustar y qué, definitivamente, hay que soltar.
El error más común del regreso a clases: pensar que todo debe cambiar
Cada enero se repite el mismo ritual.
Reuniones. Indicaciones nuevas. Formatos actualizados. Discursos sobre “ahora sí”.
Y una idea que se filtra silenciosamente:
“Lo anterior ya no sirve, hay que hacerlo diferente.”
El problema no es cambiar.
El problema es cambiar sin analizar.
La inmensa mayoría de los docentes llegan a enero convencidos de que deben:
- Rehacer la planeación completa
- Cambiar estrategias que sí funcionaban
- Rediseñar instrumentos
- Volver a diagnosticar como si no conocieran al grupo
Y eso no mejora la práctica. La desgasta.
Cambiar por cambiar no es innovación, es agotamiento anticipado.
Errores comunes del regreso a clases:
- ❌ Rehacer toda la planeación didáctica “por si acaso”.
- ❌ Abandonar estrategias solo porque no fueron perfectas.
- ❌ Sobrecargar las primeras semanas con diagnósticos eternos.
- ❌ Confundir inicio de trimestre con inicio de ciclo.
No todo lo que no salió perfecto necesita ser reemplazado.
Planear el regreso a clases no es planear un ciclo nuevo
Aquí hay una distinción clave que pocas veces se dice con claridad:
- La planeación anual proyecta.
- La planeación de inicio de ciclo organiza.
- La planeación de enero ajusta.
Enero no inaugura procesos, los retoma.
Pretender planear como en agosto genera una ficción peligrosa:
la de un grupo que no existe y un docente que tampoco.
👉 Enero es continuidad, no borrón y cuenta nueva.
Planear el regreso a clases implica:
- Reconocer lo que ya se trabajó
- Aceptar lo que no se logró
- Decidir qué es viable seguir construyendo
Eso también es planeación educativa.
Eso también es profesionalismo docente.
Qué sí conviene revisar antes de volver al aula en enero
Antes de escribir una sola actividad nueva, conviene detenerse y mirar con honestidad.
No desde el juicio, sino desde la experiencia.
Estas preguntas ayudan más que cualquier formato:
No los que “se cubrieron”, sino los que el grupo logró comprender.
• ¿Qué estrategias sí conectaron con los alumnos?
Aquellas donde hubo participación, diálogo, sentido.
Porque repetirlas solo por cumplir no tiene sentido.
• ¿Qué alumnos requieren seguimiento inmediato?
No para etiquetarlos, sino para acompañarlos mejor desde el inicio.
Este ejercicio no es diagnóstico formal, es lectura pedagógica del grupo.
Y suele ser más útil que aplicar tres instrumentos distintos la primera semana.
Qué NO necesitas rehacer para regresar a clases
Aquí va una noticia que muchos docentes necesitan escuchar en enero:
👉 No tienes que rehacerlo todo para hacerlo mejor.
No necesitas:
- Nuevos formatos si los anteriores eran funcionales
- Nuevas planeaciones perfectas si las pasadas eran pertinentes
- Diagnósticos interminables que no se traducen en decisiones
- Materiales distintos solo para aparentar actualización
El regreso a clases no se gana por acumulación, sino por coherencia.
En enero:
- Menos suele ser más
- Ajustar suele ser mejor que rehacer
- Priorizar suele ser más pedagógico que abarcar
Priorizar no es recortar: es una decisión pedagógica
En enero, la gran mayoría de docentes sienten que “van atrasados” antes siquiera de volver al aula.
No porque no hayan trabajado, sino porque el tiempo nunca alcanzó para todo lo que el programa, los formatos y el discurso prometen.
Ahí aparece una confusión peligrosa:
creer que priorizar es hacer menos por comodidad.
Y no lo es.
👉 Priorizar es decidir qué es pedagógicamente irrenunciable en un contexto real.
No se trata de recortar contenidos al azar, ni de “dejar cosas fuera” porque no hubo tiempo.
Se trata de elegir con criterio aquello que sí vale la pena sostener, profundizar y evaluar con sentido.
Priorizar implica tomar decisiones profesionales
Cuando un docente prioriza, no está renunciando a enseñar mejor.
Está asumiendo su rol profesional frente a un sistema que exige más de lo posible.
Priorizar implica, entre otras cosas:
• Decidir qué aprendizajes son verdaderamente irrenunciables,
aquellos sin los cuales el resto pierde sentido.
• Aceptar que no todo cabe en el tiempo real del aula,
por más bien diseñado que esté el programa o la planeación ideal.
• Asumir que cumplir todo no siempre significa educar mejor,
y que a veces, abarcar menos permite aprender más.
Este punto es clave:
cumplir no es sinónimo de enseñar, y enseñar no siempre coincide con cubrir.
Enero exige priorización, no acumulación
- Más diagnósticos
- Más actividades
- Más proyectos
- Más evidencias
- Más formatos
Pero conviene decirlo con claridad:
👉 La planeación de enero no se salva con más actividades, sino con mejores decisiones.
Decisiones sobre:
- Qué contenido necesita retomarse
- Qué proceso requiere más tiempo
- Qué actividad puede simplificarse sin perder sentido
- Qué simplemente puede esperar
Priorizar es una competencia docente, no una falla
Este mensaje es importante dejarlo explícito:
Solo quien conoce su grupo, su contexto y sus límites reales puede decidir con responsabilidad qué sostener y qué ajustar.
Lejos de ser una falta, la priorización pedagógica consciente es:
- Una forma de cuidado profesional
- Una práctica ética frente al aprendizaje
- Una estrategia de supervivencia legítima en sistemas educativos saturados
Planear en enero no consiste en demostrar que puedes con todo,
sino en elegir con claridad qué vale la pena sostener para que el aprendizaje ocurra.
Ajustes pequeños en la planeación que sí hacen diferencia
Aquí está el corazón del asunto.
No se trata de hacer más, sino de hacer mejor lo posible.
Algunos ajustes sencillos que alivian la práctica docente:• Reducir actividades, no aprendizajes clave.
No todo requiere una evidencia nueva.
• Ajustar tiempos sin sentir que “vas tarde”.
El ritmo real del grupo importa más que el cronograma ideal.
• Priorizar contenidos con sentido.
Aquellos que conectan con la vida, el contexto escolar y el proyecto educativo.
• Flexibilizar estrategias, no bajar expectativas.
Adaptar el camino no significa renunciar al aprendizaje.
Estos ajustes no requieren autorización especial.
Requieren criterio pedagógico, y eso el docente ya lo tiene.
Planeación, evaluación y diagnóstico: cómo no colapsar en enero
Uno de los mayores errores del regreso a clases es este:
Confundir diagnóstico con interrogatorio.
Evaluar en enero no significa calificar todo, ni llenar de instrumentos las primeras semanas.
Conviene recordar:
- Diagnosticar es observar, no examinar.
- Evaluar es comprender, no controlar.
- Calificar puede esperar, aprender no.
Durante las primeras semanas:
- Observa cómo participan
- Identifica qué recuerdan y qué no
- Escucha sus dudas
- Ajusta sobre la marcha
👉 Diagnosticar no es interrogar.
Una evaluación diagnóstica bien hecha simplifica la planeación, no la complica.
El regreso a clases en la Nueva Escuela Mexicana: qué pide realmente y qué no
La Nueva Escuela Mexicana ha sido interpretada, en múltiples espacios, como una exigencia de cambio total e inmediato.
Eso no solo es falso, es injusto.
La NEM no pide:
- Rehacer todo cada semestre
- Saturar de proyectos sin condiciones
- Trabajar en colectivo sin tiempo real
- Evaluar de formas imposibles
La NEM sí propone:
- Una planeación más flexible
- Aprendizajes con sentido
- Atención a la diversidad
- Evaluación para aprender
Cuando se entiende así, enero deja de ser una amenaza y se convierte en una oportunidad de ajuste realista.
Planear sin culpa: cuando el problema no es el docente
Este punto es fundamental.
Muchos docentes cargan enero con una culpa innecesaria:
- Por no haber “avanzado lo suficiente”
- Por no cumplir todo lo planeado
- Por no lograr lo que el discurso promete
Pero conviene decirlo claro:
👉 No todo lo que no se hizo fue negligencia.
Muchas veces fue supervivencia.
Grupos numerosos, tiempos irreales, carga administrativa, exigencias contradictorias…
Eso también forma parte del contexto educativo.
Planear sin culpa no es conformismo, es lucidez profesional.
Ideas finales para un regreso a clases posible (no ideal)
Para cerrar, algunas ideas que conviene tener presentes en enero:
- No empieces de cero: retoma lo que ya existe.
- No cambies todo: ajusta lo necesario.
- No te castigues: analiza con honestidad.
- No te sobrecargues: prioriza.
- No te aísles: compartir también alivia.
El regreso a clases no debería ser un acto de heroísmo, sino un ejercicio de coherencia entre lo que se pide, lo que se puede y lo que realmente importa.
Planear no es demostrar que puedes con todo,
es decidir qué vale la pena sostener.
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🗣️ Tu práctica también educa.
✔️ Déjanos en los comentarios qué decidiste sostener, qué ajustaste y qué aprendiste del periodo pasado para regresar a clases sin rehacerlo todo.
Compartir cómo priorizamos, cómo tomamos decisiones reales y cómo cuidamos el sentido pedagógico también es una forma de enseñar.
💬 Hagamos visible la planeación docente posible:
la que se construye desde la experiencia, el contexto y el criterio profesional…
no desde la culpa, la prisa ni el formato.
Ahora que conoces más sobre cómo planear el regreso a clases sin rehacer todo desde cero; te invito a adaptar estos conceptos a tu práctica docente.
¡Un abrazo! 🚀

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